miércoles, 30 de mayo de 2012

Los 7 Ejercicios de la Repiración


 
EJERCICIO PRELIMINAR Y RELAJACION

Adóptese, desde luego, una actitud cómoda, por ejemplo, sentado. Siéntese de manera que los pies descansen por completo en el suelo. Manténgase derecha la columna vertebral, los hombros naturalmente caldos, el pecho ligeramente encorvado y el abdomen hacia atrás. Las manos deben descansar sobre los muslos; los codos rozando las caderas, el dedo pulgar separado y hacia adentro y los demás dedos rectos y separados unos de otros.

Aspírese rápidamente por la nariz y de una manera más rápida expírese también por la nariz, como si se hiciera un gran suspiro, vuelva a aspirarse y expirarse en la misma forma durante seis o siete veces consecutivas y termínese con una expiración muy larga.

Mientras se efectúa esta larga expiración se procederá a la completa relajación del cuerpo y del cerebro; relájese en primer lugar el pie derecho, atrayendo por medio del poder de la voluntad la tensión nerviosa del mismo, hacia lo alto de la pierna y de allí hacia el centro de gravedad del cuerpo o sea hacia el corazón. Relájese de la misma manera la mano derecha. En seguida átense corto todas las ideas en el cerebro, toda preocupación, toda zozobra; déjese de pensar. Relájese la cara, el cogote, la garganta, las mandíbulas. La lengua debe descansar en el centro de la boca, la punta se apoyará ligeramente en los incisivos inferiores o bien se inclinará algo curvada hacia el paladar. Ténganse los labios cerrados y los dientes un poco separados. De la mano y del pie izquierdos atráigase la tensión nerviosa hacia el centro de gravedad. Relájense por último todas las vísceras a escepción del corazón, que es donde se recibirán todas las tensiones del cuerpo para repartirlas inmediatamente Todo lo que antecede debe sacerse en una sola expiración. Hasta que no se haga no se está en disposición de practicar el ejercicio de respiración rítmica. Veamos que se entiende por respiración rítmica.

Fijémonos en las mareas. Vemos que las aguas suben y bajan siguiendo siempre el mismo período regular.

En el universo todo procede de un movimiento ondulatorio y la respiración que establece el ligamento del individuo con Dios, es por si sola una ondulación, un flujo y reflujo, una marea de la que su onda rítmica es producida por la pulsación del corazón.

La aspiración debe durar siete pulsaciones (que vienen a ser aproximadamente siete segundos) y su ritmo ha de sostenerse sobre estas pulsaciones. Ello no debe dar lugar a ningún esfuerzo, a ningún choque. La retención del aire durará la mitad, tres o cuatro pulsaciones. La expiración será de siete pulsaciones después de una parada de tres o cuatro pulsaciones.


PRIMER EJERCICIO RITMICO

Tómese asiento en una silla lo más adentro que sea posible Sin que la espalda toque en el respaldo de la silla. Los pies deben descansar en el suelo. Colóquese el pecho saliente y un poco alto y la región abdominal hacia adentro. Los hombros un poco hacia atrás y ligeramente caídos; las manos descansando sobre los muslos; los codos rozando las caderas; el dedo pulgar separado formando V y los demás dedos rectos y separados unos de otros. Los pies se, han de colocar con una separación de cinco a siete pulgadas por la parte de los dedos y de una a dos pulgadas por la de los talones, formando la letra V.

Los labios deben tenerse cerrados y los dientes un poco separados; la punta de la lengua tocando los dientes inferiores y la lengua ligeramente curvada, llana y sin tensión. La barba un poco hacia adentro, mostrando un cierto aire de independencia. La posición del cuerpo ha de ser perfectamente derecha y todos los músculos relajados, pero la columna vertebral firme. Se ha de tomar la posición, de espaldas a la luz.

En un pedazo de papel o tela, píntese un punto de un tamaño de dos centímetros de diámetro, de un color obscuro o negro y colóquese en la pared al nivel de los ojos y a una distancia de los mismos de un metro y medio a dos metros. Mírese el punto fijamente sin parpadear y sin moverse. En esta posición se notará en seguida que las ideas flotantes tienden a desaparecer y que se está en situación de poder concentrar el pensamiento. El secreto del éxito en el desarrollo de las potencias está n la habilidad de la concentración. Si la silla fuese demasiado alta, póngase un libro debajo de los pies para elevarlos a la posición deseada y si fuera baja, colóquese un libro sobre el asiento y cuando todo esté en regla puede empezarse el ejercicio.

Primero desalójese el aire de los pulmones hasta el último extremo y sin hacer para conseguirlo tensión ni esfuerzo; en seguida inhálase por la nariz lenta, suave y plenamente por el espacio de siete segundos; empiécese por llenar los lóbulos superiores de los pulmones tanto como lo permita la posición del cuerpo y luego el resto de los órganos respiratorios hasta lo último. Al hacer la exhalación obsérvense las mismas reglas, conteniendo la acción de los pulmones para evitar espasmos, desigualdad o rapidez; todo debe hacerse en ondas y círculos perfectos.

Mientras se aspira este Aliento de vida con la vista fijamente centrada en el punto, concéntrense las funciones de la mente en el proceso de la respiración siguiendo mentalmente la corriente de aire en su recorrido, piénsese en Ga-Llama, el principio centralizador de la vida, con la convicción de que su misión es restaurar los tejidos celulares de todo el sistema y por ellos establecer la base o fundamento de la regeneración o vida nueva. Respírese con el conocimiento de que el Aliento es el principio fundamental de la vida y que el objeto de los ejercicios es poder alcanzar conocimiento perfecto. La práctica de los ejercicios sin la concentración daría un resultado parcial y la concentración sin los ejercicios sólo produciría resultados momentáneos.

Para tener una idea más clara de lo que se trata, se ha de saber que la respiración sirve para conservar la sangre en circulación. La función del corazón es distribuirla con regularidad; pero la purificación y circulación de la sangre se debe a la acción de los pulmones. La respiración ordinaria retiene oxígeno necesario para purificar la sangre descargándola de carbonos. Cuando el cuerpo encuentra obstáculos para continuar sus manifestaciones físicas, se debe principalmente a la falta de actividad de los órganos respiratorios y debe cuidarse la respiración como único y verdadero medio de conseguir alivio y curación.

Por medio de la respiración sistemática y la concentración, no sólo se aspira el oxígeno para la purificación de la sangre y la promoción de la circulación, sino que también se inspira Ga-Llama, el principio centralizador de la vida, aunque sin con ciencia de ello, pues hasta ahora no se ha tenido habilidad para demostrar su presencia por medio de ningún instrumento. Como la teoría de los átomos que nunca han podido probarse. Ga-Llana puede decirse que es una palabra para explicar lo inexplicable aunque Ga-Llana es una realidad cuya existencia puede probarse por la percepción mental, el discernimiento espiritual y por otros sentidos.

Ga-Llana no es una palabra nueva. Fué empleada para designar el principio vital, la esencia de la vida, como lo descubrieron los antiguos hace muchos millares de anos.

Ga-Llama no es el Logos de los griegos ni el Espíritu de los filósofos modernos. Ga-Llama es el fundamento de la existencia y llena toda la Zarvan Akarana. Nosotros lo respiramos, pero en nuestra ignorancia e incapacidad para comprender su presencia nos falta el poder de atracción y lo perdemos en vez de retenerlo. Pero tan pronto como se adquiere la conciencia de su existencia, se desea atraerlo y retenerlo y su acumulada presencia en nu,estro ser nos coloca en armonía con el universo que desenvuelve nuestra personalidad hasta lo infinito.

A medida que se vayan practicando estas instrucciones se hará comprensible porque sólo se posee el Aliento Materno y es este Aliento lo que determina la duración de la vida humana en correlación con la capacidad respiratoria de la madre en el momento de la concepción. Así ocurre con frecuencia que personas que al parecer gozan buena salud, inopinadamente son llamadas al seno de Abraham. Tan pronto como se acaba el Aliento Materno se exhala el último suspiro. El Aliento Materno decide también las condiciones de la existencia y no hay otro medio para libertarse de este yugo que establecer la Respiración Individual, y a este fin conducen estos ejercicios.

Con el propósito de evitar cualquier error en la práctica del primer ejercicio, recomendamos se tenga presente que la Respiración Individual requiere que la inhalación sea de siete segundos de duración y la exhalación de igual espacio de tiempo. El Aliento Materno no tiene cuanto más que inhalación de tres segundos y otro tanto la exhalación y cuando e más corta es un triste presagio para la vida. Gradualmente se ha de aprender a inhalar por espacio de siete segundos y exhalar por espacio de otros siete. Para lograr este fin, empiécese por inhalar durante cuatro segundos, un segundo de descanso para invertir la corriente y exhálese durante cuatro segundos dejando los pulmones completamente vácuos. Evítese todo esfuerzo o tensión. Si no se quiere contar los segundos, piénsese en alguna melodía, verso aforismo, etc. y antes de repetir la inhalación descánsese un segundo. No se olvide que la atención ha de concentrarse en el proceso de la respiración desechando cualquier otra idea.

Por excitado, nervioso o deprimido que se esté, este ejercicio produce los mejores resultados. El sistema nervioso se calma por la generación de la fuerza eléctrica y la mente se tranquiliza por la concentración y la mayor normalidad de la circulación vigoriza el cuerpo.

Debe hacerse este primer ejercicio rítmico durante tres minutos, tres veces al día, tres minutos por la mañana, tres minutos al mediodía y tres minutos antes de la puesta de sol, de manera que serán nueve minutos de ejercicio durante el día. Estos nueve segundos no pueden ser mejor empleados, y sirven para reconstituir el cuerpo y crearos la facultad de gobernarlo. No debe practicarse el ejercicio hasta media hora por lo menos de haber comido.

Día tras día se irán construyendo los cimientos de una salud perfecta, de una larga vida, de lucidez de espíritu, de duradera capacidad cerebral y de todo equello que hace que la vida merezca ser vivida.

SEGUNDO EJERCICIO RITMICO

Para practicar el segundo ejercicio póngase de pie con los brazos caídos a lo largo del cuerpo, la cabeza levantada y la barba ligeramente hacia adentro; la mirada fija en un punto colocado al nivel de los ojos a una distancia aproximada de dos metros. El cuerpo debe estar en perfecto estado de laxitud, pero la columna vertebral firme y erguida. El peso del cuerpo descansará sobre la planta de los pies y se ha de balancear graciosamente sobre la punta de los pies; para lograr esta posición fácilmente, hágase un movimiento de vaivén de delante atrás sin permitir que el peso del cuerpo se apoye en los talones. Téngase la boca cerrada y los dientes separados, la punta de la lengua tocando los dientes como en el primer ejercicio.

Para relajar el cuerpo, al principio de este ejercicio es suficiente desalojar el aire de los pulmones y hacer una ligera flexión con las rodillas. El peso del cuerpo descansará entonces sobre la planta de los pies y las piernas serán flexibles y elásticas. Demasiada rigidez en las piernas, se comunica a toda la actitud y provocan determinadas tensiones en las vísceras abdominales.

Después del ejercicio preliminar qué se describe en la primera lección y ya en estado de relajación, debe detenerse el aliento durante tres o cuatro segundos y mientras se inhala y siguiendo intuitivamente la corriente del aliento, levántese el cuerpo suavemente cargando el peso sobre la punta de los pies, inhálese por espacio de siete segundos; en seguida bájese el cuerpo a su primera posición exhalando al mismo tiempo durante otros siete segundos. Al inhalar debe cerrarse las manos gradualmente con más fuerza, pero sin tensión de los músculos ni apretar los dientes. Al exhalar ábranse las manos al mismo tiempo que se baja el cuerpo. Aunque los talones toquen al suelo no debe cargarse el peso del cuerpo sobre ellos. Al principio no debe practicarse este ejercicio más que dos veces diarias por espacio de tres minutos cada vez. La hora más favorable es por la mañana al levantarse. No hay inconveniente en que se practique inmediatamente después del primero con tal que éste se haya practicado durante dos semanas cuanto menos y que se ejecute con facilidad la Respiración Individual. Este ejercicio no debe practicarse después de las comidas.

Cuando se haya conseguido acostumbrarse a balancear el cuerpo de delante atrás y el ejercicio se practique perfectamente puede introducirse en él una modifición para poder practicarlo mientras se pasee. Al inhalar, dése unos pasos durante los siete segundos que dura la inhalación, seguidamente y sin dejar de andar, reténgase el aliento por unos pocos segundos y luego hágase la exhalación, como queda explicado. Después de adquirir práctica en estos movimientos y ejercicios se podrá apreciar su gran importancia y valor; ayudan a restablecer generación de corrientes eléctricas en la región de los pies, de las que depende en gran parte el sentido del oído.

En un pequeño pueblo de antiguo conocido, sucedió una mañana que un niño de pecho tuvo vómitos y se puso gravemente enfermo. Una vieja vecina que se hallaba presente en el momento de la ocurrencia, contó a su hija lo sucedido, haciendo la observación de que los vómitos del niño eran negros como un cuervo. Por la tarde de aquel día memorable, la hija visitó a sus amigas y les refirió el extraño suceso de un niño que había vomitado un cuervo. La noticia causó sensación y muchos de los presentes convinieron ir por la noche a casa de la vecina para que les informara mejor de tan extraordinario acontecimiento. La pobre mujer, con la emoción y excitación que le produjo la inesperada visita, refirió la historia de un niño que había vomitado tres cuervos.

Por mala inteligencia la verdad se exagera y altera muchas veces, sin deseo ni mala intención por parte de nadie, de agregar algo nuevo al hecho original. Cuando el sentido del oído haya alcanzado mayor desarrollo y perfección se entenderá y compranderán mejor las cosas y no se estará expuesto a referir sucesos que han sido muy cargados de color. No debemos formar juicio de lo que sólo conocemos por rumores ni ocuparnos de vidas ajenas. Ocupémonos de mejorar la nuestra y un día comprenderemos las glorias de la existencia.

EJERCICIO TERCERO RITMICO

Tómese la misma posición que en el primer ejercicio, asegurándose de que la posición es firme y de que los dientes están separados y la lengua en laxitud perfecta descansa en la parte inferior de la boca, no porque necesite descanso sino para que el aire pueda pasar fácilmente. También ayuda a fortificar la laringe y la voz mejora volviéndose más clara y melodiosa, a medida que se siguen practicando los ejercicios.

Colóquese en el suelo a una distancia como de un pie de la punta de los pies del que practique el ejercicio, un objeto obscuro y mate, digamos una moneda de cobre de diez céntimos, no porque intentemos concentrar sobre dinero, nada de eso, no son dollars lo que pretendemos conquistar sino sentidos y quizá por esta razón escogemos unos céntimos que no pueden sugerir grandes ideas de dinero, además de que sentándose y concentrando sobre él, el dinero no vendría; para alcanzarlo es preciso algunos movimientos. Muy pocos son los que consiguen poseer lo que puede alcanzarse por dinero; pero salud, comprensión, inteligencia y todos los atributos de una noble existencia no pueden comprarse; han de adquirirse por asiduo trabajo y concentrando en su verdadera naturaleza.

Fíjese la mirada en la moneda sin perder de vista, cualesquiera que sean los movimientos del cuerpo. Cúidese de tener todos los músculos laxos, la columna vertebral erguida y firme y de no hacer presión con las manos sobre los miembros inferiores. Practíquese la respiración preliminar, esto es, inhalaciones y exhalaciones cortas cuatro o seis veces y al final exhálese todo el aire que sea posible sin permitir el menor esfuerzo; después inhálese plenamente, pensando al mismo tiempo en las palabras: "Aliento es Vida". Al exhalar, pensando siempre "Aliento es Vida"", inclínese el cuerpo hacia adelante, la vista fija en la moneda (de la que no debe separarse mientras dure el ejercicio) y la cabeza estable con el movimiento del cuerpo. Este movimiento contribuye a reducir el volumen de las caderas, ensancha el diafragma y el cuerpo adquiere forma más esbelta y graciosa.

Para evitar la posibilidad de distraerse con ideas extrañas, acentúese al inhalar la palabra "Aliento", pero no las otras dos de la frase; inclínese el cuerpo hacia adelante, como se ha dicho, hasta que las costillas flotantes estén casi en contacto con los miembros inferiores. Se ha de tener presente que el abdomen se ha de tener un poco hacia adentro en todos los ejercicios.

Cuando se ha alcanzado el punto máximo de inclinación, reténgase el Aliento repitiendo "Aliento es Vida", acentuando la sílaba "es". Evítese tensión de músculos del pecho o laringe, reténgase el Aliento repitiendo mentalmente la misma frase, un poco más deprisa para cubrir el espacio de cuatro segundos; exhálese en seguida repitiendo "Aliento es Vida", acentuando la palabra "Vida" y levantando el cuerpo a su primera posición. Al exhalar debe expelerse por completo el aire de los pulmones, con precaución y cuidado.

Este ejercicio debe practicarse de una a tres veces diarias por espacio de tres minutos cada vez. Los ejercicios deben practicarse de espaldas a la luz y en habitación bien ventilada. El movimiento de inclinación de este ejercicio ha de durar siete segundos, la retención del aliento cuatro segundos y al exhalar siete segundos, o algo más, si es posible, volviendo a la primera posición.

Aún sin querer incurrir en la menor extralimitación, se suelen alargar un poco los minutos dedicados a los ejercicios. Preferimos que se acorten a que se alarguen.

Cualquier superavit de energía eléctrica que se genere por el trabajo respiratorio, el sistema lo acumulará en el bazo, para emplearla si es necesario en cualquier emergencia.

Puede ocurrir que el sistema no esté suficientemente entrenado para conservar exceso de fuerza eléctrica y las vibraciones de los centros nerviosos están expuestos a tener que transferir su actividad a las células cerebrales que se hallan bajo el directo dominio de las facultades imaginativas. Por ésta causa, algunos temperamentos se vuelven meditabundos, condición que no nos gusta favorecer, porque el objeto de nuestro trabajo es conseguir por medio de la concentración el mayor bienestar físico, moral e intelectual. No debemos permitir que se establezca un estado de aparente felicidad para satisfacer la naturaleza sensual.

Como hemos dicho repetidas veces, nuestros ejercicios son medios para un fin y en cuanto se haya obtenido el desarrollo deseado no será necesario practicarlos de un modo rutinario. Este estudio es como el estudio de la armonía. Cualquier método que se adopte debe continuarse hasta llegar a saber lo que enseñan los maestros. Al principio deben observarse estrictamente las reglas; pero en cuanto se llega a dominar la armonía pueden alterarse en apariencia y entrando en el dominio particular, establecer si se quiere reglas propias. Hasta entonces debe seguirse al maestro practicando con fe y constancia los ejercicios, si verdaderamente se desea alcanzar beneficios de esta noble enseñanza.

CUARTO EJERCICIO RITMICO

Este ejercicio se ha de practicar cuatro veces diarias.

Por la mañana de frente al Este, al medio día de frente el Sur, por la tarde al Oeste y por la noche, antes de acostarse, de frente al Norte.

Tómese la posición en pie como en el segundo ejercicio y después que se haya practicado el ejercicio preliminar y desalojado el aire de los pulmones, inhálase suave y gradualmente; al mismo tiempo hágase girar el brazo derecho (que debe estar en laxitud perfecta) en movimiento circular delante de si mismo; la palma de la mano vuelta hacia el cuerpo. El movimiento ha de marcar un círculo perfecto. La inhalación debe durar mientras se marcan tres círculos y otros tantos para la exhalación. Después que se hayan ejecutado de este modo doce movimientos circulares, levántese el brazo como si se fuera a ejecutar otro círculo y cuando la mano está por encima de la cabeza deténgase el movimiento, ciérrese el puño inhalando plenamente e inclinando el cuerpo hacia adelante, con un movimiento de caderas tóquese el suelo con los nudillos, reteniendo el aliento al practicar este movimiento de inclinación y exhálese al levantar el cuerpo, colóquese el brazo en su primera posición imprimiéndole un movimiento circular hacia atrás. Practíquese el mismo ejercicio con el brazo izquierdo, teniendo particular cuidado en retener el aliento durante el movimiento hacia adelante. Es posible que al principio no se alcance a tocar el suelo, pero no hay que desanimarse, se conseguirá con el tiempo; inclínese el cuerpo todo lo posible sin doblar las rodillas; la inclinación ha de ser un movimiento de caderas.

Creemos innecesario decir, porque los discípulos lo habrán comprendido, que no debe usarse corsé, fajas ni justillos ni cualquier otro disforme paramento que afectan a la libertad y gracia de los movimientos. Gracias al desarrollo corporal y mental llegaremos a comprender que todas las disformidades e imperfecciones que nos inducen a usar los artificios en boga para disimular nuestros defectos a la vista del público no serán necesarios porque pueden corregirse empleando para ello medios más natura1es; no sólo volverán a su estado normal abdómen abultado y mejillas flojas sino que el busto, cara y brazos y el cuerpo todo adquirirá belleza y forma perfecta, asegurándose además buena salud, inteligencia clara e imparcial, condiciones cerebrales normales y un alma viviente que nos ayude a conquistar nuestra verdadera posición en la vida.

Este ejercicio se ha de practicar después de las comidas, es decir, cuando las comidas se han digerido; si no se ha comido, tanto mejor. Este ejercicio es un alivio excelente para los estados dispépticos y de indigestión y aunque no es éste su objeto principal puede emplearse también para este fin; favorece mucho la digestión y ayuda a concentrar la mente; pero su objeto principal es refinar el sentido del gusto y por ende el del olfato; este último se mejora en parte practicando el precedente ejercicio.

Hemos explicado ya cuatro ejercicios que deben, practicarse diariamente por el orden prescrito. Nosotros aseguramos que el cuarto ejercicio, practicado en conexión con los precedentes, ayudará a vencer y desterrar hábitos tan perjudiciales como son ingerir carnes, licores, drogas, fumar y masticar tabaco y otros semejantes. Debemos necesariamente formarnos un carácter con fuerza de voluntad para vencer, empleando medios sencillos y naturales, todas nuestras debilidades y defectos, haciéndonos superiores a ellos y conseguir libertarnos de toda degradación e impureza. Con el tiempo se llegará a ser muy exigente y escrupuloso para los alimentos y perfumes a causa de la extrema delicadeza de los sentidos del gusto y olfato y por la mayor perfección y elevación de todos los otros. La pureza corporal engendrará pureza mental y las ideas que se produzcan serán nobles y generosas. Se evitarán y huirán chocarrerías y chismografías, el egoísmo estará vencido, y la armonía con la naturaleza reinará entre los hombres.

QUINTO EJERCICIO RITMICO

Adóptese la posición en pie, como en el segundo ejercicio, teniendo presente que cuando se, está en pie o se anda, el peso del cuerpo se ha de apoyar sobre la punta de los pies, o en otros términos, el peso del cuerpo se ha de balancear, y al poco tiempo se notará con asombro que el cuerpo no tiene peso. Subir y bajar escaleras todo el día podrá considerarse un placer y aun se tendrá la idea de que sería muy agradable dejarse deslizar por el pasamanos ¡se es tan feliz y tan ligero! Nuestros discípulos, después de haber trabajado todo el día, regresan a casas deslizándose por las calles como si tuvieran alas. Observémosles; sus semblantes sonrientes demuestran salud y alegría; la juvenil apariencia, belleza y simetría de sus cuerpos se acrecenta de día en día. A la tercera o cuarta lección han comprendido que no debían someterse a la sujeción de corsés y otras falacias y los han suprimido. Nuestros discípulos pueden probar que aunque no prestamos especial atención al desarrollo de los músculos, éstos se desarrollan de un modo natural, debido a la corrección de la respiración y concentración mental.


Como hemos dicho, para practicar el quinto ejercicio se ha de estar en pie, como en el segundo ejercicio; en seguida alárguense los brazos hacia adelante empleando el poder de la voluntad, que es el pensamiento: "Así sea" o, "hágase así". Al mandato de la mente, teniendo los músculos relajados, la columna vertebral más firme que nunca y un aire tan independiente y altivo como el de un monarca o potentado, las funciones del cuerpo responderán. Tan pronto como se haya practicado el ejercicio preliminar, inhálese gradualmente y simultáneamente, obedeciendo a la voluntad; pónganse los músculos de los brazos tensos, pero sin esfuerzo. Las manos deben permanecer flexibles; la tensión solo debe alcanzar hasta las muñecas. Al exhalar, relájense los músculos de nuevo; esto se ha de, repetir tres veces; tres inhalaciones y tres exhalaciones. A la cuarta inhalación deben extenderse los brazos a los lados del cuerpo, un poco hacia atrás y exhálese, inhálese y exhálese dos veces más y, al volver a inhalar, que será la séptima vez, pónganse los brazos en su primera posición, pero las manos enfrente una de otra, sin que deban tocarse las puntas de los dedos, no porque esto pueda perjudicar sino porque puede ocasionar sensaciones desagradables después de algún tiempo de práctica. Al principio sólo se percibe un hormigueo especial, pero más tarde, si los dedos se tocan, se sienten unos choques que deben evitarse. Lo que se desea es distribuir fluidos fosfáticos a las extremidades de las manos y más tarde a las otras extremidades del cuerpo, para igualar las condiciones eléctricas del mismo y excitar centros nerviosos que han permanecido siempre inactivos a causa del choque que sufrieron, en la época del nacimiento, cuando el cordón fué cortado de un modo violento y anticientífico por inexpertas manos de comadronas o médicos.

Al adoptar y practicar nuestro sistema no debemos entusiasmarnos refiriendo a todo el mundo los maravillosos resultados que obtenemos por su práctica. Nuestros inquisitivos amigos no dejarán de notar nuestro gran cambio y se cuidarán de preguntarnos qué método empleamos para conservarnos jóvenes y sanos. Ellos vendrán a nosotros, ansiosos de que les instruyamos, como María, sentada a los pies del Maestro, escuchaba arrobada sus gloriosas palabras, y nos suplicarán que les conduzcamos al manantial de donde manan tan milagrosas aguas. Nuestro deber es indicarles el camino para que puedan gozar de sus beneficios.

El presente ejercicio no debe practicarse más de tres veces diarias, ni emplearse más de siete inhalaciones e igual número de exhalaciones. Es un ejercicio tan intenso que si se ejecuta con exceso, los dedos arden.

Después de algún tiempo de práctica, al estar en la obscuridad se notará un brillo fosforescente en la punta de los dedos. Para que esto no ocurra deben cerrarse fuertemente las manos después de practicado el ejercicio y así se evitará que la gente se alarme y se imagine que se interviene en fantasmagorias, cuando por el contrario nuestro objeto es que nos apartemos de toda, superstición y aprendamos a interpretarlo todo en su verdadera esencia. Los fenómenos, por imponentes que parezcan, se basan en leyes naturales y se presentan en relación a ellas. Cuando estas leyes sean comprendidas, lo misterioso no será por más tiempo origen de ideas supersticiosas y equivocadas creencias.

SEXTO EJERCICIO RITMICO

Hemos llegado a un ejercicio en el que nuestros discípulos tienen que ponerse de rodillas. Hay un día en la vida de los hombres, tanto si son judíos como cristianos o paganos, en que sus rodillas se doblan reverentemente.

El principal objeto de este ejercicio es distribuir los círculos magnéticos para ayudar a avivar la médula espinal extendiéndose por este medio el radio del pensamiento y capacitando para coordinar con más lógica y en virtud de la actividad de las células cerebrales llegar a tener conciencia perfecta de que se es uno con Dios y la naturaleza.

Arrodíllese detrás del respaldo de una silla doblando las dos rodillas simultáneamente. No se ha de caer sobre las rodilías sino bajarías suavemente. La silla se ha de colocar a unos tres pies de distancia, de modo que alargando los brazos se puedan asir los montantes laterales del respaldo de la silla, uno con cada mano. Las manos y el cuerpo han de estar laxos, la columna vertebral firme y los ojos deben mirar a un punto obscuro, como en los primeros ejercicios.

Despues de practicar la respiración preliminar, inhálese plena y profundamente, al propio tiempo asiendo con más fuerza a los montantes de la silla, inhálese durante el mayor tiempo posible, sin esfuerzo ni molestia. Reténgase el Aliento todo lo que se pueda con facilidad conservando las manos fuertemente asidas a la silla; al exhalar gradualmente, aflójense las manos por completo. Practíquese este ejercicio por espacio de tres minutos tres veces al día y nunca más de tres veces al día. Este ejercicio puede practicarse por la noche antes de acostarse.

No debe preocupar la sensación especial que se percibe que partiendo del ombligo se corre por la región espinal hacia la cabeza y también baja a las extremidades inferiores. Esta sensación la produce la generación de energía eléctrica del sistema nervioso y la sensación como un ligero soplo que se siente en el cuerpo es producida por los círculos magnéticos al emanar de lo más íntimo del alma.

Este ejercicio produce excelentes resultados; calma y tranquiliza la mente y la hace accesible a los placeres más elevados y esto pueden experimentarlo los que lo practiquen. Este ejercicio no debe practicarse con exceso, ni ninguno de los otros. No debe creerse que "cuanto más mejor". Es un ejercicio de gran potencia y debe guardarse alguna precaución. Tan pronto como se note que la silla se mueve y que las rodillas tienen tendencia a levantarse, suspéndase el ejercicio por aquel día. Para el desarrollo de las funciones cerebrales no es conveniente practicar este ejercicio más de lo prescito.. Las virtudes curativas de este ejercicio no tardan en hacerse esperar. De una manera uniforme y gradual se consigue mayor comprensión y más amplio criterio, lo que antes era incomprensible se llega a descifrar fácilmente y se vislumbra, que no existe nada que no pueda llegar a explicarse. Se comprende que los sentidos, antes de desarrollarse, nos han conducido a una errónea interpretación de todas las cosas, tanto humanas como divinas; que el sol no es un globo de fuego como creíamos, sino un astro que no tiene más luz que la necesaria para sostener las condiciones de su propio sistema planetario. Se comprende que nuestro planeta es una luz en sí y que "Yo soy la luz del mundo".

Al colocarse en la posición descrita para practicar el presente ejercicio deben alejarse todas las ideas de la mente; olvídese todo, hasta el nombre de Ga-Llama y el de Aliento; atiéndase solamente al ritmo de la respiración y por vez primera se sentirá el encanto de un mágico poder interior que subyuga y repitiendo el ejercicio se llegará a sentir un suave ardor y una sensación de vida nueva y más adelante aparecerá una luz maravillosa; la luz del alma que ilumina la mente, conforta el corazón y deja en éxtasis los sentidos, llegando a un grado de grandeza que no puede expresarse con palabras y así se seguirá adelantando en un plano de progreso que no tiene fin porque es eterno.

El primer ejercicio se ha de practicar por espacio de tres minutos tres veces al día; tres por la mañana, tres al medio día y tres antes de ponerse el sol. Total nueve minutos diarios a los que difícilmente podría dársele mejor empleo ni propósito que el de crearse una vida nueva y mejores medios para dirigirla. Este ejercicio no debe practicarse hasta una hora después de haber comido. Téngase presente que antes de empezar a practicar el ejercicio propiamente dicho, se ha de desalojar el aire de los pulmones por completo. Esto se consigue con más facilidad practicando un pequeño ejercicio preliminar. Empiécese por hacer unas inhalaciones y exhalaciones de corta duración, seis o siete veces sucesivas; la última exhalación debe ser larga y debe dejar los pulmones vacíos; seguidamente puede practicarse el ejercicio conforme a las instrucciones dadas.

Por estos medios, paso a paso, se alcanzará larga vida, salud perfecta, claro entendimiento y todo cuanto hace la vida interesante y digna de vivirse.

SEPTIMO EJERCICIO RITMICO

Al despertarse, es muy recomendable desperezarse durante unos segundos, airear el cuerpo y pasarle una esponja empapada en agua fría o templada y frotarlo vigorosamente con las manos, respirando mientras tanto con atención y regularidad, procediéndose a la toilette. Después de vestirse puede practicarse en seguida el séptimo ejercicio, a no ser que se prefiera practicar antes alguno de los seis primeros. Debe tenerse presente que no es conveniente practicar muchos en sucesión, sino que se han de distribuir del mejor modo posible durante todo el día, adoptando los más favorables al propio temperamento.

En una palangana o recipiente cualquiera de un tamaño suficiente para que puedan colocarse en el fondo las dos manos puestas de plano sin tocarse, viértase agua fría hasta que llegue a cubrir la mitad del hueso de la articulación de la muñeca; en el fondo del recipiente entre las manos, pero sin que lo toquen se habrá colocado una pieza de cinco céntimos; adóptese una actitud ergida y si se ha de estar inclinado cúidese de que la columna vertebral esté recta; inhálese por la nariz, como siempre, una inhalación amplia y profunda; póngase la boca como si se quisiera silbar, la lengua plana en la boca; puede silbarse si se quiere hasta que los pulmones estén enteramente vácuos; inhálese de nuevo por la nariz y exhálese por la boca; repítase lo mismo otra vez; mientras se practica esta respiración se ha de mirar fijamente a la pieza de cobre. Este ejercicio se ha de practicar por la mañana antes de desayunar; el sistema se calienta por algún tiempo y se percibe en la cabeza una ligera palpitación; la mente se aclara y el poder de comprensión aumenta. Cuando se practique este ejercicio, puede también absorberse agua por la nariz y sacarla por la boca. Puede emplearse agua caliente al principio y luego más fresca; y si se le agrega un poco de sal fortificará las mucosas de la nariz y garganta. Después de secarse las manos, fricciónese con las palmas de las mismas la parte superior, en movimiento circular hacia el cuerpo, hasta que se pongan calientes y suaves.

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